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miércoles, 25 de marzo de 2009

Mujeres en el gusano pacífico

No puedo negar que me cuesta levantarme para ir a trabajar, pero lo que narro ahora ayuda a tener un buen comienzo del día.

¡Las mañanas se alegran cuando empiezan!

No es difícil observar como la mayoría de los usuarios que entran en el tranvía sobre las siete y media de la mañana son mujeres. Es una gozada contemplar el desfile en la parada del Prado. Contemplar mujeres guapas antes de las ocho de la mañana de cualquier día, laborable. Una inevitable gozada.

No puedo negar mi disfrute en la contemplación de la mujer andaluza y sevillana. Mayormente niego mis principios más puros cuando, con el transcurso del suave recorrido del vehículo-gusano, contemplo la variedad de mujeres impresionantes y ataviadas:

A lo clásico
A lo moderno y atrevido,
A la moda.

Yendo a trabajar o a la rutina (que son casi lo mismo) puedes disfrutar con la vista.
Puedes contemplar mujeres maduras, de mediana edad y jovencitas.
Puedes contemplarlas yendo elegantes y bonitas.
Puedes contemplarlas a todas en el metro.
En el Metrocentro de Sevilla.

Recuerdo, en estos momentos, una madura que vi un día; una mañana temprano.
Llevaba un pantalón blanco bien apretado. Entonces pensé por dentro:

“” ¡Esta mujer es extranjera!
Y hoy sé que no lo era.
Era Sevillana; toda ella. “”

El recorrido fue como siempre, de unos cinco minutos, con sus tres paradas incluyendo la final. No pude dejar de mirar ese trasero prieto de blanco cubierto. Un pantalón blanco que dejaba ver sin ver.

Antes de llegar al Puerta Jerez giró su dulce cuerpo y de perfil; de perfil era peor. Ligeramente respingón me quemo por dentro…Un hombre con chaqueta tapó el espectáculo (nunca mejor dicho) y calmo mi libido.

En mi demencia sensual cambié de mujer guapa y observe una morena de ojos de miel que me congelo unos segundos. El metro quedo quieto.

Los segundos eternos presentaron su perfil suave, blanco y chato rodeado de su pelo intensamente rizado. Un pelo impresionante y castaño.

¡Aturdido miré a otro sitio!

Y vislumbre, antes de la última parada, una mujer árabe con su pelo tapado y sus ojos azabache sobre nariz generosa.

Su cuerpo cubierto por un vestido no marcador ,no podía ocultar sus manos. Los dedos no tapados.

Sus manos proporcionadas, sus dedos perfectos, sus nudillos en apariencia tiernos sin serlo. Sus manos sujetas a la barra metálica. Al asidero del centro del área de entrada y salida , del gusano pacifico que a Plaza Nueva arriba.

Es la última parada y mi libido sigue por las nubes.
¡Cuanta mujer guapa!
Disfrútenlas todas las mañanas.
Como yo lo he hecho.

¡Hay dicotomía!
¡Hay naturaleza!
¡Naturaleza observada!
¡No dejen de mirar!
El desfile de mujeres guapas
Que hay por las mañanas
De cualquier día, laborable.

Cuando van a la oficina
O vuelven.
¡Cuando van a comer!
¡Contemplen!
Tanta belleza. Que ya es algo más que el vacío.

¡Contemplen algún día!
Temprano. En la mañana.
Sobre las siete y media.
¡Una gozada!

Constantino Carenado

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