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viernes, 15 de mayo de 2009

"L" se moja en el tranvia

“L” es un hombre alto, ancho, con configuración fuerte y carácter puramente franco. Es tan sincero que no soporta la mentira; y es tan fiel a sus amigos y mujer que cuando huele tentaciones huye. Escapa, se marcha diciendo un rápido adiós.
“L” es un gran tipo, además del Manager de Constantino. O sea el Manager del que escribe esto. En base a este principio soy, ahora mismo, Constantino Pelota Encadenado. Pero no se lo digan a “L”. ¡Que no se entere!
“L” nunca había cogido el tranvía. Su curiosidad ha sido tan alta ,después de conocer el blog http://www.sevillametro.com/ ,que ha dejado su moto de puño solitario en casa.Como viene de lejos ha cogido primero el metro. El cielo, cuando entro en la estación, estaba libre y con nubes dispersas. Pero cuando, minutos después, sale en la parada del Prado…¡Esta lloviendo! .Entonces se pregunta a si mismo:
-¿Qué hago? ¿Lo cojo hasta puerta jerez?
- ¡Va! No llueve mucho.
Así, de esta manera, aparece “L” cerca del parque del Prado de San Sebastián. En cuanto pisa la acera con sus zapatos lisos comienza a llover como si toda el agua del año cayese en un minuto.Una Nube Negra y gigantesca esta sobre él, y solo sobre él, vaciándose. Sorprendido y sin protección acelera sus pies antes que su cuerpo. Pierde el equilibrio y desde su considerable altura cae de culo sobre el asfalto. Menos mal que ha salvado el borde de la acera. Ese borde que le habría dejado el culo marcado, pero menos mal que no lo ha hecho.
“L” se levanta como puede sobre un charco ya creado. La cantidad de agua absorbida por su ropa es de unos cinco litros. Litro más, litro menos.
-¡Cago en la leche! ¡Como me estoy poniendo!
Se acerca como puede al andén del tranvía, teniendo mucho cuidado al cruzar la avenida. Cuando está llegando a la parada del tranvía este está saliendo . Lo pierde irremediablemente y expele con su voz grave:
-¡Hoy no es mi día!
Su rostro se vuelve plano y serio. No puede ocultar su mosqueo. Una papelera próxima sufre un pequeño golpe de frustración. Cae desprendida al suelo y “L”, dos segundos después, la ubica en su lugar de origen.
-¡Uff! ¡Me he pasado!
Cuatro minutos tarda en llegar el siguiente tranvía. ¡Cuatros minutos ! Cuatro minutos mojados y eternos pero que, gracias a Dios y al tiempo, pasan. El tranvía llega, abre sus puertas y descarga al gentío. Tras la descarga todos los usuarios ,que estaban esperando, entran frenéticos a causa del agua. “L” deja detrás de sí un gran charco. Dada su altura tiene que agacharse un poco en la entrada. Aunque parece permitirle el acceso, no se fía. No puede olvidar un día en la feria de Abril ,un día en que dejó su frente en un dintel de chapa. Todavía recuerda el golpe en su amplio frontal. Así pues agacha un poco la cabeza al pasar por cualquier puerta ,y la del tranvia no va a ser menos.
Mira y remira el interior del vehículo. Lo mira hasta la saciedad. Lo vuelve a mirar. No hay ni un sitio vacío. Es imposible. No acaba de entenderlo porque; porque ha entrado de los primeros. Decide quedarse de pie en una de las articulaciones del gusano pacífico. Cuando el tranvía empieza a moverse ve que se ha colocado en el sitio de mayor y mejor visibilidad.
-¡Joder! Desde aquí no veo nada.
Se desplaza un poco chocando contra una abuela de pelo recogido.
- ¡Perdone señora!
Se pone un poco nervioso por el incidente mientras el móvil comienza a sonar muy activo:
-Ley H.P. La ley H.P. es muy sencilla. Cuando eres generoso con los demás…
“L” descuelga el teléfono nuevo y cuando va a llevárselo al oído se le resbala entre sus dedos ,cercanos al tamaño de gruesas zanahorias. El celular ,deslizándose y deslizado ,evoluciona por el aire hasta darle a un señor bajito, a que negarlo, en el cogote. “L” expele sin piedad:
- Me parece que me he puesto nervioso.
El señor se gira y grita:
- ¡Pero bueno! ¿Qué es esto?
Y recoge el teléfono del suelo. Su gran pantalla táctil expresa el planeta tierra y, debajo, el símbolo de un teléfono descolgado y, en la parte inferior derecha dicta: Abuelo.Una voz diminuta suena en la distancia:
- ¿L? ¿L? Estas hay L…Te llamo otra vez en un minuto. Adiós pequeñín.
El señor “agredido involuntariamente” recoge el móvil y dice a “L”:
- ¡Tendría que tener más cuidado!
- Ha sido un accidente – con inevitable cara de ajo porro-
El señor bajito mira a todos los lados posibles e imposibles. Contempla a la gente con cara de sorpresa diciendo sin decir: # Ha sido un accidente #.Malhumorado y con la mano apoyada en el sitio del impacto le pasa el móvil con comentario adherido:
- Tome. Torpe.
“L” no puede dejar de responder. Su rostro se invierte. Se pone como el día. Se convierte en un rostro gris.
-¿Cómo ha dicho?
Su voz grave retumba profunda e intensa en el tranvía. Solo se le escucha a él y el leve ruido del vehículo gusano en movimiento. El móvil suena de nuevo y nadie lo coge. El extraño tono de llamada dicta, mientras “L” respira con profundidad para bajar su tensión emocional:
-Ley H.P. La ley H.P. es muy sencilla. Cuando eres generoso con los demás no hay problemas, todo va bien. Pero cuando empiezas a exigir, o pedir algo a cambio, suelen empezar los problemas y las dificultades…Ley H.P…
“L” cuelga su celular y algo alterado mira a otro sitio en lugar de al pequeño ese. Expresa sincero:
- Pero ...Si ha sido un accidente.
Y la señora de pelo blanco le apoya incondicional.
- Por supuesto hijo. Por supuesto. Ese señor esta enfadado con el mundo. No le eches cuenta.
Una sabia sonrisa acaricia sin hacerlo a “L” , y “L” sonríe recíproco a la señora. Porque “L” es un buen tipo y entiende lo que otros no entienden. Está, a su manera, por encima de muchas estupideces. Suena de nuevo el móvil y, relajado, atiende a su amigo el Abuelo. Las cervezas van a ser de dos litros. Cervezas frescas y mojadas.

Constantino Carenado.

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