Noticias de Actualidad del Metro de Sevilla

lunes 11 de abril de 2011

Nuevos horarios del metro para Semana Santa y Feria

El Metro de Sevilla iniciará el domingo 17 de abril los servicios especiales previstos con motivo de la Semana Santa, que se prolongarán hasta el sábado 23 de abril. En este periodo, el suburbano ampliará su horario habitual hasta las 2.00 de la madrugada, hora de salida de los últimos trenes desde las estaciones de cabecera de línea (Ciudad Expo y Olivar de Quintos). Por su parte, en la madrugada del Jueves al Viernes Santo se ofrecerá un servicio ininterrumpido, adaptándose así al intenso flujo de desplazamientos que se produce durante estas fechas.

La cobertura del servicio especial de Semana Santa supondrá un incremento de la oferta de plazas del 25% en relación a los periodos ordinarios y la frecuencia de paso de los trenes será de entre cuatro y cinco minutos (la establecida en hora punta) en aquellas franjas horarias en las que se producen más desplazamientos. Metro de Sevilla reforzará también la presencia del personal de atención al viajero (supervisores) y de seguridad en las estaciones con más afluencia.

Para facilitar los desplazamientos en estas fechas de máxima afluencia, se pondrá en marcha una campaña de información a través de prensa, radio y folletos que trasladará a los ciudadanos las principales recomendaciones para el uso del metro, de especial interés para los usuarios no habituales del servicio.
Bajo el lema 'Metro de Sevilla, un viaje cómodo y seguro' esta campaña estará activa durante los Servicios Especiales de Semana Santa y Feria de Abril.

Metro de Sevilla ofrecerá también servicios especiales en la Feria, que comenzarán el sábado 30 de abril con mayor frecuencia de paso de trenes y refuerzo del personal para facilitar los accesos al Real de la Feria durante el fin de semana. Desde el lunes 2 de mayo se ofrecerá servicio ininterrumpido hasta el domingo 8, en el que el metro prolongará el cierre del servicio hasta las 2.00 de la madrugada.

Fuente: Teleprensa

lunes 8 de marzo de 2010

La bicicleta azul

Espero trasladaros al mundo de la protagonista ficticia de hoy. El mundo de Ana. La joven y nerviosa Ana. Una gran mujer.
Ana es esa típica muchacha andaluza, guapa de pelo negro y largo, que con su carrera recién terminada suele moverse en su propia bicicleta por su ciudad. La bicicleta y ella constituyen una entidad solidaria. Se gustan. Ella pedalea y la bicicleta rueda dándole esa sensación de libertad silenciosa. Una libertad que la lleva donde Anica quiere. Que la lleva a su destino. Ella lo sabe.
En su ajetreo mental lleva rumbo hacia el Parque de los Príncipes. El parque más cercano a la feria de Sevilla de principios del siglo XXI (dicen que cambiarán la ubicación de la feria en unos años). El parque del barrio de los Remedios y de Triana. Yo lo veo así aunque, quizás, no sea así.
Ana, normalmente, frecuenta la zona centro para tomar su café descafeinado caliente. Curioso esto de un café descafeinado; puede parecer que es tomar café sin café. Pero esto es una de las paranoias del que escribe esto y no de Anica.
Ana ha quedado con su querida amiga Lidia para dar una vuelta por el Parque de los Príncipes y, si es posible, practicar algo de malabarismos en algún verde parterre. Algún parterre de grama. Después de los ejercicios piensan, también, tomar algo juntas.No es que Lidia y ella sean animadoras de algún equipo; no, no se trata de eso. Simplemente es la excusa para divertirse un rato y charlar sobre sus vidas; sobre su presente y sobre su futuro. Su momento para compartir sus vidas y sus incidentes mientras manipulan los móviles o toman café. Las amigas, y los amigos, cumplen esa función entre muchas. Los necesitamos para el viaje de la vida. Esta extraña vida que surge siempre delante de toda ciclista. Toda ciclista que rueda hacia delante como Ana. Ella lo sabe.
Por cosas del destino, o de la casualidad, el día soleado muta a gris e, inesperadamente, a nuboso. Una tormenta de agua descentrada y cruel comienza a mojarla mientras aún está a mitad de camino. Una trastada, por no decir otra cosa, cuando se viaja en un vehículo al descubierto. Milagrosa, una boca de metro, de la línea uno, saluda con su letrero verde: Nervión.
- ¡Concho! Si no me hubiese acercado al Nervión Plaza ha comprarme el jersey azul, estaría ya en el Parque. ¡Cachis! (alteración verbal del autor. Se trata de un taco).
Presurosa agarra el cuadro de su bicicleta azul cielo y baja las escaleras de la estación de metro. La estación de Nervión. Toma las escaleras mecánicas hacia abajo. Llega a la plataforma de hormigón final. Las pantallas de led´s indican:
- Ciudad Expo 2 min.
Y al otro lado, en el otro andén, otra pantalla dicta:
- Montequinto 5 min.
Ana y su bici azul reinan durante la espera de su metro. El que tiene que coger para bajarse en Parque de los Príncipes. El que va hacia Ciudad Expo. Ana y su bici azul reinan en el andén. Son las amigas caminante y rodada. Todos los que esperan su metro miran la pareja de cosa y persona. No hay más bicicletas ni hacen falta. Es guapa la bici, en su sencillez, y es guapa Ana en su belleza franca y en su franqueza. Ana y su bici reinan en el andén. Esperan. El metrocentro llega, las puertas antisuicidas se abren ; las del vehículo a su par. Entran. Ana deja su bici pegada a la barra central de acero. La apoya firme y comienza a mirar a las personas que ocupan el lugar. Mira y es mirada mientras la bicicleta sigue en su sitio. El metro se mueve hacia el parque por debajo de Sevilla y de su río Guadalquivir. Las paradas se suceden ligeras. Pasan trémulas. Las paradas se escapan mientras las personas entran y salen. El metro cruza el río, por debajo.La parada de Parque de los Príncipes se acerca. Ana se dispone a orientar su bicicleta para salir. Ana vuelve a intentar orientar su bicicleta para salir. Ana vuelve a intentar, de nuevo, orientar su bicicleta para sacarla. Ana lo intenta otra vez.
- ¡Concho! (grita Ana. -El autor vuelve a modificar la palabra como antes-)
- ¡Pero bueno!
Su empeño es nulo porqué la bicicleta no se menea sujeta a su mástil de metálico acero. Ana pide ayuda a otros viajeros. Nadie puede moverla. Un culturista próximo, soberbio en sus andares y corpulencia, fracasa en su intento. Se hace daño.
- Chiquilla. ¿Que le has hecho a la bici?
- Yo no he hecho nada.
- Son los Gremlins (dice un electrónico que hay por el vagón)
Mientras esto sucede la parada del Parque de los Príncipes pasa. Ana, evidentemente, no se baja. Quiere llevarse su propiedad rodada que no se menea.
-¡Concho! -sin comentarios-.
Desesperada deja la bicicleta y busca la cabina del conductor. Golpea la ventana con prudencia alterada. Golpea otra vez. El conductor se gira y le dice que espere a la próxima parada. Con los ojos le transmite que la ayudará.
El tiempo, para Ana, deja de pasar. El tiempo se queda quieto. Mira su bicicleta que sigue igual. Otro viajero, que ha visto todo el extraño espectáculo, lo intenta para fracasar. Fracasar de nuevo. En la distancia, mientras Ana lo mira, mueve su cabeza en un NO gigantesco. Un nuevo NO acompaña al movimiento de cabeza del último que ha intentado mover la bicicleta. Todos dicen NO con sus cabezas. Ana mira hacia otro lugar, hacia otra parte. Amargada se dice a sí misma:
- #Esto tenía que pasarme a mí y a mi bici nueva. A ver como le explico esto a mi madre #
La parada de Blas Infante llega. Mientras se abren las puertas; la gente sale y entra; el conductor sale de la cabina y le pregunta a nuestra Ana.
- ¿Qué sucede?
- Mi bici no se mueve.
- ¿Cómo?
- Que mi bici no se mueve.
- ¿Eso es imposible?
- ¡Que no se mueve! Se lo digo en serio. Yo no miento. Se lo juro.
El conductor mira a los viajeros que expresan y gritan desde lejos:
- No hay quien meneé esta bici.
- Esta pegada (dice otro usuario).
El tiempo comienza a ser un problema. El conductor expresa a Ana con estrés.
-¿Puede esperar a la última parada de Ciudad Expo? Allí tengo más tiempo. Esta parada ya ha sido demasiado larga.
- Que remedio. Quiero recuperar mi bici.
Se cierran las puertas y el metro inicia de nuevo su movimiento acelerado. Ana, nuestra Ana, se sienta en su desesperación. No se lo cree. No quiere mirar ni la bici a su mástil pegado .Llama a Lidia para pedirle disculpas y para que espere. Lidia, incrédula, la remite hacia el futuro.
- Todo es muy raro. Hablamos luego. Te esperaré haciendo malabares con los móviles y las varas. Hasta ahora.
-Vale. “Dios”.
Ciudad Expo tarda en llegar pero llega. El supervisor de turno, y del turno, se encuentra con el mismo problema que todos. Redacta un informe, solicita el teléfono y otros datos a la dagnificada que se queda, de momento, sin bicicleta. Ana encuentra a Lidia una hora más tarde en el lugar acordado. Toman café y charlan boquiabiertas. No se lo creen aunque Anica no tenga su bici.
Lo gracioso de todo esto es que lo narrado ocurrió hace dos meses y medio. A fecha de hoy, 1 de Marzo del año 2010, el vehículo número trece lleva, en su tercer mástil, una bicicleta pegada. Ningún técnico ha podido despegarla hasta el momento. El metro de Sevilla no puede permitirse paralizar el vehículo por esta fantasmal razón. Los rumores llaman al vehículo en cuestión:
El metro trece
O
El de la bicicleta maldita.
Nadie se cree los rumores hasta que ve la bicicleta pegada a su mástil bruñido. Está igual que hace dos meses y medio. El mástil brilla y la bicicleta también aunque los equipos de limpieza no los tocan por miedo. El metro de Sevilla parece mágico. Mágico y extraño. Está lleno de sorpresas y de almas de objetos en pena. Algunos teóricos lo llaman el metro de Bécquer: "el número trece y su oscura bicicleta". Nadie ha podido entender el fenómeno. Muchos creen aún, a fecha de hoy, que es un bulo. Muchos creen que es una leyenda urbana.
No tengan miedo si se suben al vagón de la bicicleta. No tiemblen. La bicicleta solo quiere estar dentro del metro; pegada a él; susurrándole.

Constantino Carenado.

martes 6 de octubre de 2009

Defectos de la linea 1 del metro de Sevilla

Según mi opinión estos son los defectos que atañen a la ya operativa línea 1 del metro:

a) La falta de vagones se hace alarmante en épocas como Semana Santa y Feria. Si bien es cierto que el metro se inauguró prácticamente antes de Semana Santa, y que es de esperar que para el año que viene corrijan las deficiencias observadas en el presente año inaugural, la escasez de vagones para estas fechas han dejado en evidencia la gestión de nuestros dirigentes. Si sabían que aparte de esta línea del metro van a abrir otras 3 más no entiendo porque no han hecho esa inversión en vagones, que podrían utilizar en el futuro en esas nuevas líneas y que para fechas puntuales y tan señaladas en Sevilla podrían cubrir la ingente demanda. Yo intente coger el metro esta Feria y lo que había allí era inhumano.
b) Si te pasa que como a mí, en la pasada Feria, ves el metro lleno de gente y decides utilizar otro medio de transporte te van a cobrar igualmente aunque salgas en la misma estación en la que has entrado. Es muy fácil controlar esto, pero de momento se ve que no les interesa mejorar el sistema.
c) Si lo que se quiere es dar servicio al ciudadano justo antes de entrar y picar en la estación de metro debería haber algún cacharro de estos que te avisan de la hora a la que llega el siguiente tren a esa parada, pero claro esto choca con el afán recaudatorio del sistema, que prefiere que primero pagues y luego te informes del horario del siguiente tren.
d) Precisamente el tiempo que aparece en estos cacharros una vez que estás en la estación varia como le dá la gana y eso es lamentable porque ya han tenido tiempo suficiente para calibrar cuánto tarda un tren de una parada a otra.
e) No es el primer metro en el que me monto. He estado en Berlín, Estocolomo, Praga, Madrid, Barcelona, Valencia… Nunca he visto un metro con unas curvas tan pronunciadas como las tiene este, lo que en toda lógica afecta a la velocidad del mismo.
f) El horario del metro me parece demasiado reducido. Desde mi punto de vista en fines de semana debería cerrar a las 4 de la mañana por lo menos. Sé que a lo mejor no es un servicio rentable desde un punto de vista puramente económico, pero si un servicio social necesario que evitaría que la gente conduzca con unas copitas de más.

Estas son solo algunas de las críticas que se me ocurren sobre esta línea del metro. Seguro que vosotros teneis muchas más que me gustaría que fuerais incluyendo en este post.

domingo 13 de septiembre de 2009

La estación de Puerta de Jerez entra en servicio

Puerta Jerez se convertirá en el segundo intercambiador modal de la Línea 1 de Metro de Sevilla, junto a la estación de San Bernardo.

La estación Puerta Jerez, centro neurálgico de la Línea 1 del Metro de Sevilla, entrará en servicio el próximo miércoles 16 de septiembre, día en el que el entorno del Paseo de Cristina quedará despejado una vez finalizadas las obras de reurbanización.

Según un comunicado de la consejeria de Obras Públicas y Transportes, dicha reurbanización se ha ejecutado de acuerdo con el diseño consensuado entre Ferrocarriles de la Junta de Andalucía y la Gerencia Municipal de Urbanismo de Sevilla e incorpora también las sugerencias de las asociaciones vecinales y comunidades de propietarios del entorno.

Puerta Jerez se convertirá en el segundo intercambiador modal de la Línea 1 de Metro de Sevilla, junto a la estación de San Bernardo, al confluir en la zona la estación de metro y las paradas del Tranvía (Metrocentro), autobuses urbanos, metropolitanos y del servicio público de bicicletas.

Con la puesta en servicio de la estación Puerta Jerez, los usuarios del ferrocarril metropolitano, cuyo trazado discurre por Mairena del Aljarafe, San Juan de Aznalfarache, Sevilla y Dos Hermanas, podrán acceder al centro histórico y comercial de la capital andaluza "en unos tiempos de viaje muy competitivos frente al vehículo privado", señala el comunicado.

Por otra parte, Puerta Jerez también jugarán un papel de centralidad en la atención a los usuarios del Metro, pues albergará en su vestíbulo principal las oficinas de información del Consorcio de Transportes de Sevilla y Metro de Sevilla, así como una oficina de la Policía Nacional.

En paralelo a la apertura de la estación Puerta Jerez, quedará concluida la obra civil y la reurbanización en superficie del trazado del Metro en Montequinto, al objeto de que a finales del presente mes se inicien las pruebas de circulación de trenes entre las estaciones de Condequinto y Olivar de Quintos para su entrada en servicio en noviembre, señala la consejería.

Fuente: Diario de Sevilla

martes 16 de junio de 2009

Parada Inesperada

Me llamo Luisa González Lapa y soy primeriza. Acabo de tomar una decisión que no creo que tenga importancia. Como vivo en Montequinto y mi mejor amiga, que se llama Concha, en Ciudad Expo he decidido hace unos minutos ir a visitarla. No tengo, sinceramente, muchas ganas pero si no tomo las decisiones de esta manera, no tomo ninguna. Así que como mujer indecisa voy a coger la línea uno del metro, voy a dar dos saltos hasta llegar a Mairena del Aljarafe y en veinte minutos estaré allí. Estaré con Concha. Con mi amiga Concha.

Subo hasta la parada de Montequinto. Todo va bien. Aún no estoy cumplida hasta dentro de una semana. Estoy hasta los “ovarios” de estar en casa. Recargo el ticket porque está sin saldo. Es una puñetera tarjeta RCI, esa que las malas letras cuentan que llevaremos bajo la piel, algún día, para estar localizados e identificados en el “almacén de humanos” de nuestro planeta. Según ese rumor “futurológico”, pero rumor al fin y al cabo, con ese circuito bajo nuestra piel será posible estar localizados en todo momento, como si fuésemos bultos en un almacén global. Sinceramente si eso sucede algún día muchas cosas habrán cambiado. El que quiera podrá conocer la posición en el mundo de la persona que desee.
¡El que quiera!
Será estupendo, por las narices del profeta, que el que lo desee, o pague, pueda localizar nuestra posición en el planeta. Eso será libertad y será otra historia. Que orgullo…si ocurre.

Las puertas antisuicidas del metro se abren para Luisa y, casi a la par, se abren las del gusano. Tras dejar el paso suave a las personas, tardan poco en cerrarse. Rápidamente el gusano coge velocidad.
Mira que el vehículo es el mismo que el usado en el tranvía pero el tranvía es, claramente, un gusano pacífico y después de sentir el metro es un gusano estreñido o, quizás, reprimido.
El metro y el tranvía, siendo el mismo vehículo, no son lo mismo. Son historias distintas en caminos distintos con el mismo protagonista. Gusano Loco versus Gusano pacífico. Extraña dualidad. Siendo el mismo vehículo, el metro y el tranvía cambian como de la noche al día.
Luisa, sentada en uno de los sillones de plástico que la lleva en el sentido de la marcha, escucha por megafonía:

-Próxima parada Ner...on. At...en… parada.

Luisa no se entera de nada. La megafonía está ida. Estropeada. Algo inquieta pregunta a la persona que está al lado; a su vera:

-¿Qué ha dicho?
- Pues no sé. No me he enterado. No tengo ni idea. Pero pienso que ha dicho algo así como:
- “Próxima estación, Nervión”…
- Tenían que ponerle a usted a cargo de esto de la megafonía. – Ríen las dos-
- …pero la frase era más larga. – Continúan las risotadas –

El metro llega a Nervión, expele y toma pasajeros para continuar su sumergido camino de hierro. Retoma la marcha y antes de la siguiente parada comienza a detenerse mediante anárquicos espasmos hasta quedarse quieto. Un ruido de descarga, como si fuese un rayo, se escucha fuera; quedándose el metro quieto dentro de su túnel. Las luces, de momento, permanecen encendidas. La megafonía se activa.

- Per… mas…tos…mos…ma.

Las dos compañeras de viaje vuelven a hablar:

- ¿Qué pasa? ¿Has entendido algo?
- Yo que va. Es como si hubiese escuchado a un político. No he entendido nada.

Pese a la tontería ninguna se ríe. Las luces del metro se apagan. Se apagan las de fuera y se apagan las de dentro. Quedan en la oscuridad. En la más tremenda oscuridad. Normalmente todo va bien pero cuando las cosas se enredan siguen enredándose y continúan aunque no se quiera. A este proceso irreversible le llaman encadenamiento de la Ley de Murphy. Y hoy se está cumpliendo de nuevo. Sobre todo cuando Luisa, antes de tiempo y sin desearlo, comienza a tener contracciones y a los cinco minutos rompe aguas. Se quita los manchados pantalones de tubo. Su pequeño viene al mundo y lleva un cuarto de hora a oscuras dentro de un túnel del “p” metro.

-¡No es posible! ¡Ahora no!
- Madre. – Dice con calma la compañera de asiento- ¿Cómo te llamas?
- Luisa. Me llamo Luisa. Esto pinta mal. ¿Me va a ayudar? – Grita frenando el alarido-
- Te ayudaré Luisa. Tranquila. He tenido a dos pequeños. Te ayudaré. No estás sola.
- ¿Cómo te llamas? –pregunta Luisa a la compañera de asiento y, al paso que va, de parto. Luisa da un pequeño grito otra vez. Llegan las contracciones y sus amigos los dolores.-
- Me llamo Elena. Te ayudaré.
- Llama a una ambulancia, por favor.
- Un segundo. Pediré ayuda.

Elena empieza a dar vueltas por el metro solicitando un teléfono porque los suyos no tienen cobertura. Elena va contando la historia de boca en boca mientras Luisa jadea en la distancia. Elena llega y no llega. Luisa se tumba entre los sillones de plástico ocupando el pasillo central del vagón. Se aferra con los brazos a los sillones para desviar hacia ellos su dolor; las contracciones son más frecuentes. Luisa grita:

- ¡Elena! ¿Dónde estas?

Elena llega acompañada y presurosa. Llega respirando con cierta agonía o quizás cierta ansia. Luisa está aferrada a los dos sillones de plástico y apoyada en sus manchados pantalones de tubo.

- Luisa. El bebe viene. Nadie tiene cobertura pero he localizado a una ATS. Se llama Anna. Podemos ayudarte entre las dos.

Luisa con el miedo en su sangre y en sus huesos le pregunta a Anna sin protocolos ni procedimientos:

-¿Puedes ayudarme de verdad? –jadea-

Y Anna expresa:
- Por supuesto Luisa. Entre Elena y yo te ayudaremos. Yo soy enfermera y Elena es Auxiliar de clínica. Mantén la calma. Respira. Vuelve a respirar. Las dos hemos asistido a partos, sabemos de qué va esto. Calma Luisa. Respira. Vuelve a respirar. Así. Eso.

Luisa mira a Anna durante un instante eterno. Su mirada no deja de expresar su preocupación y su miedo. Luisa está asustada, incluso “acojonada”(es decir con las gónadas altas). No puede dejar de expresar su profundo miedo. Se siente estúpida y tonta. Podría haber hecho que viniese Concha a su casa. Y ahora por su ansia y aburrimiento…ahora esta pariendo en el metro. Entre queja y queja Luisa habla de nuevo.

- Esto me duele un montón. ¿Es normal? ¿Estoy dilatando?

Elena y Anna intervienen a la vez:

- Es normal.

Y Elena continua en silencio dejando la palabra a Anna. Elena, decidida, se quita la falda larga, blanca y recién puesta (entiéndase limpia), para colocarla debajo de Luisa. Mientras Anna habla, Elena se queda en bragas , usa su falda para colocarla debajo de Luisa , retira los pantalones de tubo de la parturienta que están manchados y ,sin pudor ni vergüenza ante su nueva situación, queda esperando instrucciones de Anna. El suelo está ahora más mullido y la falda hace de preservativo durante el parto que viene. Durante el parto que se les viene encima. Elena comienza a hablar cuando Anna ha terminado de tranquilizar a Luisa, de entretenerla con sus cómicas historias.

- Un parto es dolor. Si yo te contase. Yo di a luz sin epidural. Bueno, prácticamente sin epidural. Fue tremendo. Ya te contaré Luisa. Ya te contaré.

Y Luisa siguiendo la jugada responde entre contracción y dolor. Entre dolores y contracciones:

- Me parece – quejío- que –nuevo quejío- voy a parir –grita- sin epidural –grita de nuevo- sin espiral ni sus ¡Muelas! - grita con desesperación- ¡Dios Mío! ¡Ayúdame!
- ¡Ayúdame! -grita Luisa en su dolor-

Las luces siguen apagadas aunque Luisa esté dando a luz. Paradojas de las acepciones semánticas de luz y luces. Suele ocurrir esto, aunque no nos demos cuenta.
Anna, Elena y Luisa están juntas en medio del vagón de metro parado y oscuro. Están ciegas, se han estado iluminando con las luces de las pantallas de los móviles. Elena, que es muy resuelta, grita en el monovolumen de veinte metros.

- ¿Alguien tiene una linterna?

Y a los dos segundos repite de nuevo y con aire recién incorporado a su precioso pecho:

- ¿Alguien tiene una linterna? ¡Por favor! Alguien está pariendo en el metro.
- ¡¿Alguien tiene una linterna?! – Grita con fuerza otra vez-

Cuando esta disponiéndose a expeler otro grito, durante el momento de inspiración en que sus pechos destacan, alguien responde:

- ¡Yo! ¡Yo! tengo luz.
- ¿Una linterna?
- Tengo luz.
- Pero ¿Qué luz?
- Un móvil con linterna. ¡Señora! Voy pá allá.

Una intensa luz blanca de led, en lugar de bombilla, se acerca trepidante hacia Elena. Sombras, perfiles y bragas improvisadas se marcan. Formas intensas mientras el caballero se acerca a ella y ella al caballero.
Elena, que no es lesbiana precisamente, piensa un poco dentro de si: "¿Estará bueno el tío?" Y el tío que llega es gordo; pero, al menos, no es apestoso. Huele hasta bien. Humm “Huele a tabaco dulce” Y pensando esto Elena le comenta decidida:

- Por aquí. Por favor. Estamos cerca.
- Ya oigo los alaridos de la parturienta. Tranquila. Soy el conductor del metro.
- Es verdad. ¿Ha avisado a la ambulancia?
- Está esperando en la parada de Nervión. Iremos hacia allí cuando vuelva el fluido eléctrico.
- ¿Y cuando será eso?
- No lo sé. No lo sé.

Cuando arriban a la posición Anna comenta sinceramente a Elena:

- Aún tenemos poca luz.
- Te lo resolveré ¿Cómo va eso Luisa? –Mirando sonriente a la excompañera de asiento-
- Va…Creo que estoy dilatando – y un alarido pulsante inunda oídos y tímpanos cercanos –

Luisa no puede dejar de expresar su dolor. Anna le da un beso a la frente a la cercana mamá y expresa decidida:

- Ten calma. Respira. Ya llega tu pequeño.

Elena tiene una idea para aumentar la iluminación del parto que se aproxima inexorable en la oscuridad de un túnel del metro sevillano. Aunque las luces de emergencia iluminan tenuemente el túnel; dentro del vehículo la iluminación es nula porque no tiene instaladas, aún, las lámparas de emergencia. Decidida comienza a recolectar móviles de pantalla grande. Le explica a cada usuario que la intención es iluminar el parto con el mayor número de móviles. Las personas acceden sin tapujos, algunas se unen porque Elena solo puede mantener encendidos un terminal en cada mano. A los pocos minutos un montón de manos con móviles iluminados enfocan el parto de Luisa. Luisa que está muy consciente no puede dejar de decir:

- Que parto tan concurrido. Coño.

Los oyentes de su comentario no pueden dejar de sonreír. Algunos y algunas hasta se ríen a carcajadas. El proceso continúa con normalidad y la cabeza del pequeño empieza a aparecer. Casi todos dejan de respirar durante varios minutos. Respiran y algún susurro expresa:

- Mirad. Ya llega.

Y del escondrijo vertical, animal y natural, casi perfecto, va saliendo el bebe. Un bebe que es niña. Y la niña va a manos de Anna que la ayuda en el transito de su llegada al mundo. La perfecta enfermera recoge a la pequeña que empieza a llorar en el momento que la coge en sus manos. Corta el cordón umbilical con unas tijeras de manicura del bolso gigantesco de Elena. Luisa mira a su pequeña y respira profundamente relajada. Anna, que ya ha cortado el cordón umbilical, le deja unos minutos la niña a su madre. Luisa abraza a su pequeña cubierta por otra falda rosa de alguna mujer próxima. Otra mujer que ha decidido quedarse en bragas. La nueva madre emocionada llora mientras tiene a su pequeña en brazos. Todos comparten ese momento con mágica intensidad. Comparten un momento único para cada uno de nosotros. Comparten la llegada de un nuevo ser humano. Una llegada que la naturaleza, pase lo que pase después, provoca y sugiere a los progenitores independientemente de su relación estable o no. Luisa asciende a su hija sobre su pecho y le pregunta.

- ¿Qué nombre te pongo? ¿Qué nombre te pongo pequeña? ¿Qué nombre quieres?

Las luces se encienden de nuevo. El metro comienza a moverse lentamente hacia la estación de Nervión. Todos los presentes retiran los celulares. Un jaleo de alegría multitudinaria inunda el volumen. Luisa mira a la pequeña de nuevo y dicta irreversiblemente:

- Te llamaré Luz. Si. Solamente Luz. ¡Luz!

La coyuntura presenta a la pequeña Luz cogida por su madre. Anna cerca de Luisa esperando la placenta. Elena devolviendo los móviles a los propietarios que solo dejaron el terminal y no participaron en la iluminación del acontecimiento. La mayoría de las personas dejan espacio alrededor de Luisa con su pequeña Luz en los brazos. Un montón de móviles, que han recuperado la cobertura, empiezan a sonar con mensajes y llamadas realizadas que no dejaron ningún mensaje. Durante unos segundos el vagón se convierte en una feria. Más aún si observamos a Elena y “Ricitos de oro” que han donado sus faldas y están en bragas. Menos mal que son blancas y no dejan ver mucho. Menos mal.
En la estación de Nervión para el metro “maternidad”. Hay varias ambulancias. Luisa sigue en el suelo con su pequeña; ya ha expulsado la placenta. Anna habla con la médico de urgencias. Tras unos minutos salen del vehículo “maternidad” Luisa con su Luz en la camilla. Anna con su fina cara a la vera sujetando en una mano la placenta rodeada por la falda blanca y plegada. Elena y “Ricitos de oro” con mantas haciendo las funciones de faldas. La médica de la ambulancia admite que las cuatro, bueno cinco contando a Luz, mujeres suban a la ambulancia. La parturienta esta bien y después del lugar del parto puede permitir que suban las mujeres en la parte de atrás de la ambulancia. Anna le ofrece la placenta a la médico para que valore si está completa o puede quedar algo, todavía, en el útero.

La ambulancia sale desde la estación de Nervión. Sale con Luisa, Luz –su hija-, Anna-la matrona-, Elena-la auxiliar de parto, iluminación y donante de falda- , Ricitos de Oro –solo donante de falda- y el personal de la ambulancia.

El hospital Virgen del Rocío Está cerca. Y allí llegan.En el camino Elena cuenta como salvó a un niño de la asfixia hace muchos años. Explica que le encanta ayudar a la gente. Anna la secunda y apoya con empatía porque por eso ejerce su profesión. Ricitos de Oro sonríe simplemente y Luisa; Luisa les dice a todas.

-Gracias. Muchas gracias de mi parte y de la pequeña Luz.

La pequeña Luz sonríe por primera vez en su vida. Todo ha ido bien. Menos mal. Ríen y respiran juntas en la ambulancia que llega.

Constantino Carenado, o Alberto Real.