Noticias de Actualidad del Metro de Sevilla

martes 6 de octubre de 2009

Defectos de la linea 1 del metro de Sevilla

Según mi opinión estos son los defectos que atañen a la ya operativa línea 1 del metro:

a) La falta de vagones se hace alarmante en épocas como Semana Santa y Feria. Si bien es cierto que el metro se inauguró prácticamente antes de Semana Santa, y que es de esperar que para el año que viene corrijan las deficiencias observadas en el presente año inaugural, la escasez de vagones para estas fechas han dejado en evidencia la gestión de nuestros dirigentes. Si sabían que aparte de esta línea del metro van a abrir otras 3 más no entiendo porque no han hecho esa inversión en vagones, que podrían utilizar en el futuro en esas nuevas líneas y que para fechas puntuales y tan señaladas en Sevilla podrían cubrir la ingente demanda. Yo intente coger el metro esta Feria y lo que había allí era inhumano.
b) Si te pasa que como a mí, en la pasada Feria, ves el metro lleno de gente y decides utilizar otro medio de transporte te van a cobrar igualmente aunque salgas en la misma estación en la que has entrado. Es muy fácil controlar esto, pero de momento se ve que no les interesa mejorar el sistema.
c) Si lo que se quiere es dar servicio al ciudadano justo antes de entrar y picar en la estación de metro debería haber algún cacharro de estos que te avisan de la hora a la que llega el siguiente tren a esa parada, pero claro esto choca con el afán recaudatorio del sistema, que prefiere que primero pagues y luego te informes del horario del siguiente tren.
d) Precisamente el tiempo que aparece en estos cacharros una vez que estás en la estación varia como le dá la gana y eso es lamentable porque ya han tenido tiempo suficiente para calibrar cuánto tarda un tren de una parada a otra.
e) No es el primer metro en el que me monto. He estado en Berlín, Estocolomo, Praga, Madrid, Barcelona, Valencia… Nunca he visto un metro con unas curvas tan pronunciadas como las tiene este, lo que en toda lógica afecta a la velocidad del mismo.
f) El horario del metro me parece demasiado reducido. Desde mi punto de vista en fines de semana debería cerrar a las 4 de la mañana por lo menos. Sé que a lo mejor no es un servicio rentable desde un punto de vista puramente económico, pero si un servicio social necesario que evitaría que la gente conduzca con unas copitas de más.

Estas son solo algunas de las críticas que se me ocurren sobre esta línea del metro. Seguro que vosotros teneis muchas más que me gustaría que fuerais incluyendo en este post.

domingo 13 de septiembre de 2009

La estación de Puerta de Jerez entra en servicio

Puerta Jerez se convertirá en el segundo intercambiador modal de la Línea 1 de Metro de Sevilla, junto a la estación de San Bernardo.

La estación Puerta Jerez, centro neurálgico de la Línea 1 del Metro de Sevilla, entrará en servicio el próximo miércoles 16 de septiembre, día en el que el entorno del Paseo de Cristina quedará despejado una vez finalizadas las obras de reurbanización.

Según un comunicado de la consejeria de Obras Públicas y Transportes, dicha reurbanización se ha ejecutado de acuerdo con el diseño consensuado entre Ferrocarriles de la Junta de Andalucía y la Gerencia Municipal de Urbanismo de Sevilla e incorpora también las sugerencias de las asociaciones vecinales y comunidades de propietarios del entorno.

Puerta Jerez se convertirá en el segundo intercambiador modal de la Línea 1 de Metro de Sevilla, junto a la estación de San Bernardo, al confluir en la zona la estación de metro y las paradas del Tranvía (Metrocentro), autobuses urbanos, metropolitanos y del servicio público de bicicletas.

Con la puesta en servicio de la estación Puerta Jerez, los usuarios del ferrocarril metropolitano, cuyo trazado discurre por Mairena del Aljarafe, San Juan de Aznalfarache, Sevilla y Dos Hermanas, podrán acceder al centro histórico y comercial de la capital andaluza "en unos tiempos de viaje muy competitivos frente al vehículo privado", señala el comunicado.

Por otra parte, Puerta Jerez también jugarán un papel de centralidad en la atención a los usuarios del Metro, pues albergará en su vestíbulo principal las oficinas de información del Consorcio de Transportes de Sevilla y Metro de Sevilla, así como una oficina de la Policía Nacional.

En paralelo a la apertura de la estación Puerta Jerez, quedará concluida la obra civil y la reurbanización en superficie del trazado del Metro en Montequinto, al objeto de que a finales del presente mes se inicien las pruebas de circulación de trenes entre las estaciones de Condequinto y Olivar de Quintos para su entrada en servicio en noviembre, señala la consejería.

Fuente: Diario de Sevilla

martes 16 de junio de 2009

Parada Inesperada

Me llamo Luisa González Lapa y soy primeriza. Acabo de tomar una decisión que no creo que tenga importancia. Como vivo en Montequinto y mi mejor amiga, que se llama Concha, en Ciudad Expo he decidido hace unos minutos ir a visitarla. No tengo, sinceramente, muchas ganas pero si no tomo las decisiones de esta manera, no tomo ninguna. Así que como mujer indecisa voy a coger la línea uno del metro, voy a dar dos saltos hasta llegar a Mairena del Aljarafe y en veinte minutos estaré allí. Estaré con Concha. Con mi amiga Concha.

Subo hasta la parada de Montequinto. Todo va bien. Aún no estoy cumplida hasta dentro de una semana. Estoy hasta los “ovarios” de estar en casa. Recargo el ticket porque está sin saldo. Es una puñetera tarjeta RCI, esa que las malas letras cuentan que llevaremos bajo la piel, algún día, para estar localizados e identificados en el “almacén de humanos” de nuestro planeta. Según ese rumor “futurológico”, pero rumor al fin y al cabo, con ese circuito bajo nuestra piel será posible estar localizados en todo momento, como si fuésemos bultos en un almacén global. Sinceramente si eso sucede algún día muchas cosas habrán cambiado. El que quiera podrá conocer la posición en el mundo de la persona que desee.
¡El que quiera!
Será estupendo, por las narices del profeta, que el que lo desee, o pague, pueda localizar nuestra posición en el planeta. Eso será libertad y será otra historia. Que orgullo…si ocurre.

Las puertas antisuicidas del metro se abren para Luisa y, casi a la par, se abren las del gusano. Tras dejar el paso suave a las personas, tardan poco en cerrarse. Rápidamente el gusano coge velocidad.
Mira que el vehículo es el mismo que el usado en el tranvía pero el tranvía es, claramente, un gusano pacífico y después de sentir el metro es un gusano estreñido o, quizás, reprimido.
El metro y el tranvía, siendo el mismo vehículo, no son lo mismo. Son historias distintas en caminos distintos con el mismo protagonista. Gusano Loco versus Gusano pacífico. Extraña dualidad. Siendo el mismo vehículo, el metro y el tranvía cambian como de la noche al día.
Luisa, sentada en uno de los sillones de plástico que la lleva en el sentido de la marcha, escucha por megafonía:

-Próxima parada Ner...on. At...en… parada.

Luisa no se entera de nada. La megafonía está ida. Estropeada. Algo inquieta pregunta a la persona que está al lado; a su vera:

-¿Qué ha dicho?
- Pues no sé. No me he enterado. No tengo ni idea. Pero pienso que ha dicho algo así como:
- “Próxima estación, Nervión”…
- Tenían que ponerle a usted a cargo de esto de la megafonía. – Ríen las dos-
- …pero la frase era más larga. – Continúan las risotadas –

El metro llega a Nervión, expele y toma pasajeros para continuar su sumergido camino de hierro. Retoma la marcha y antes de la siguiente parada comienza a detenerse mediante anárquicos espasmos hasta quedarse quieto. Un ruido de descarga, como si fuese un rayo, se escucha fuera; quedándose el metro quieto dentro de su túnel. Las luces, de momento, permanecen encendidas. La megafonía se activa.

- Per… mas…tos…mos…ma.

Las dos compañeras de viaje vuelven a hablar:

- ¿Qué pasa? ¿Has entendido algo?
- Yo que va. Es como si hubiese escuchado a un político. No he entendido nada.

Pese a la tontería ninguna se ríe. Las luces del metro se apagan. Se apagan las de fuera y se apagan las de dentro. Quedan en la oscuridad. En la más tremenda oscuridad. Normalmente todo va bien pero cuando las cosas se enredan siguen enredándose y continúan aunque no se quiera. A este proceso irreversible le llaman encadenamiento de la Ley de Murphy. Y hoy se está cumpliendo de nuevo. Sobre todo cuando Luisa, antes de tiempo y sin desearlo, comienza a tener contracciones y a los cinco minutos rompe aguas. Se quita los manchados pantalones de tubo. Su pequeño viene al mundo y lleva un cuarto de hora a oscuras dentro de un túnel del “p” metro.

-¡No es posible! ¡Ahora no!
- Madre. – Dice con calma la compañera de asiento- ¿Cómo te llamas?
- Luisa. Me llamo Luisa. Esto pinta mal. ¿Me va a ayudar? – Grita frenando el alarido-
- Te ayudaré Luisa. Tranquila. He tenido a dos pequeños. Te ayudaré. No estás sola.
- ¿Cómo te llamas? –pregunta Luisa a la compañera de asiento y, al paso que va, de parto. Luisa da un pequeño grito otra vez. Llegan las contracciones y sus amigos los dolores.-
- Me llamo Elena. Te ayudaré.
- Llama a una ambulancia, por favor.
- Un segundo. Pediré ayuda.

Elena empieza a dar vueltas por el metro solicitando un teléfono porque los suyos no tienen cobertura. Elena va contando la historia de boca en boca mientras Luisa jadea en la distancia. Elena llega y no llega. Luisa se tumba entre los sillones de plástico ocupando el pasillo central del vagón. Se aferra con los brazos a los sillones para desviar hacia ellos su dolor; las contracciones son más frecuentes. Luisa grita:

- ¡Elena! ¿Dónde estas?

Elena llega acompañada y presurosa. Llega respirando con cierta agonía o quizás cierta ansia. Luisa está aferrada a los dos sillones de plástico y apoyada en sus manchados pantalones de tubo.

- Luisa. El bebe viene. Nadie tiene cobertura pero he localizado a una ATS. Se llama Anna. Podemos ayudarte entre las dos.

Luisa con el miedo en su sangre y en sus huesos le pregunta a Anna sin protocolos ni procedimientos:

-¿Puedes ayudarme de verdad? –jadea-

Y Anna expresa:
- Por supuesto Luisa. Entre Elena y yo te ayudaremos. Yo soy enfermera y Elena es Auxiliar de clínica. Mantén la calma. Respira. Vuelve a respirar. Las dos hemos asistido a partos, sabemos de qué va esto. Calma Luisa. Respira. Vuelve a respirar. Así. Eso.

Luisa mira a Anna durante un instante eterno. Su mirada no deja de expresar su preocupación y su miedo. Luisa está asustada, incluso “acojonada”(es decir con las gónadas altas). No puede dejar de expresar su profundo miedo. Se siente estúpida y tonta. Podría haber hecho que viniese Concha a su casa. Y ahora por su ansia y aburrimiento…ahora esta pariendo en el metro. Entre queja y queja Luisa habla de nuevo.

- Esto me duele un montón. ¿Es normal? ¿Estoy dilatando?

Elena y Anna intervienen a la vez:

- Es normal.

Y Elena continua en silencio dejando la palabra a Anna. Elena, decidida, se quita la falda larga, blanca y recién puesta (entiéndase limpia), para colocarla debajo de Luisa. Mientras Anna habla, Elena se queda en bragas , usa su falda para colocarla debajo de Luisa , retira los pantalones de tubo de la parturienta que están manchados y ,sin pudor ni vergüenza ante su nueva situación, queda esperando instrucciones de Anna. El suelo está ahora más mullido y la falda hace de preservativo durante el parto que viene. Durante el parto que se les viene encima. Elena comienza a hablar cuando Anna ha terminado de tranquilizar a Luisa, de entretenerla con sus cómicas historias.

- Un parto es dolor. Si yo te contase. Yo di a luz sin epidural. Bueno, prácticamente sin epidural. Fue tremendo. Ya te contaré Luisa. Ya te contaré.

Y Luisa siguiendo la jugada responde entre contracción y dolor. Entre dolores y contracciones:

- Me parece – quejío- que –nuevo quejío- voy a parir –grita- sin epidural –grita de nuevo- sin espiral ni sus ¡Muelas! - grita con desesperación- ¡Dios Mío! ¡Ayúdame!
- ¡Ayúdame! -grita Luisa en su dolor-

Las luces siguen apagadas aunque Luisa esté dando a luz. Paradojas de las acepciones semánticas de luz y luces. Suele ocurrir esto, aunque no nos demos cuenta.
Anna, Elena y Luisa están juntas en medio del vagón de metro parado y oscuro. Están ciegas, se han estado iluminando con las luces de las pantallas de los móviles. Elena, que es muy resuelta, grita en el monovolumen de veinte metros.

- ¿Alguien tiene una linterna?

Y a los dos segundos repite de nuevo y con aire recién incorporado a su precioso pecho:

- ¿Alguien tiene una linterna? ¡Por favor! Alguien está pariendo en el metro.
- ¡¿Alguien tiene una linterna?! – Grita con fuerza otra vez-

Cuando esta disponiéndose a expeler otro grito, durante el momento de inspiración en que sus pechos destacan, alguien responde:

- ¡Yo! ¡Yo! tengo luz.
- ¿Una linterna?
- Tengo luz.
- Pero ¿Qué luz?
- Un móvil con linterna. ¡Señora! Voy pá allá.

Una intensa luz blanca de led, en lugar de bombilla, se acerca trepidante hacia Elena. Sombras, perfiles y bragas improvisadas se marcan. Formas intensas mientras el caballero se acerca a ella y ella al caballero.
Elena, que no es lesbiana precisamente, piensa un poco dentro de si: "¿Estará bueno el tío?" Y el tío que llega es gordo; pero, al menos, no es apestoso. Huele hasta bien. Humm “Huele a tabaco dulce” Y pensando esto Elena le comenta decidida:

- Por aquí. Por favor. Estamos cerca.
- Ya oigo los alaridos de la parturienta. Tranquila. Soy el conductor del metro.
- Es verdad. ¿Ha avisado a la ambulancia?
- Está esperando en la parada de Nervión. Iremos hacia allí cuando vuelva el fluido eléctrico.
- ¿Y cuando será eso?
- No lo sé. No lo sé.

Cuando arriban a la posición Anna comenta sinceramente a Elena:

- Aún tenemos poca luz.
- Te lo resolveré ¿Cómo va eso Luisa? –Mirando sonriente a la excompañera de asiento-
- Va…Creo que estoy dilatando – y un alarido pulsante inunda oídos y tímpanos cercanos –

Luisa no puede dejar de expresar su dolor. Anna le da un beso a la frente a la cercana mamá y expresa decidida:

- Ten calma. Respira. Ya llega tu pequeño.

Elena tiene una idea para aumentar la iluminación del parto que se aproxima inexorable en la oscuridad de un túnel del metro sevillano. Aunque las luces de emergencia iluminan tenuemente el túnel; dentro del vehículo la iluminación es nula porque no tiene instaladas, aún, las lámparas de emergencia. Decidida comienza a recolectar móviles de pantalla grande. Le explica a cada usuario que la intención es iluminar el parto con el mayor número de móviles. Las personas acceden sin tapujos, algunas se unen porque Elena solo puede mantener encendidos un terminal en cada mano. A los pocos minutos un montón de manos con móviles iluminados enfocan el parto de Luisa. Luisa que está muy consciente no puede dejar de decir:

- Que parto tan concurrido. Coño.

Los oyentes de su comentario no pueden dejar de sonreír. Algunos y algunas hasta se ríen a carcajadas. El proceso continúa con normalidad y la cabeza del pequeño empieza a aparecer. Casi todos dejan de respirar durante varios minutos. Respiran y algún susurro expresa:

- Mirad. Ya llega.

Y del escondrijo vertical, animal y natural, casi perfecto, va saliendo el bebe. Un bebe que es niña. Y la niña va a manos de Anna que la ayuda en el transito de su llegada al mundo. La perfecta enfermera recoge a la pequeña que empieza a llorar en el momento que la coge en sus manos. Corta el cordón umbilical con unas tijeras de manicura del bolso gigantesco de Elena. Luisa mira a su pequeña y respira profundamente relajada. Anna, que ya ha cortado el cordón umbilical, le deja unos minutos la niña a su madre. Luisa abraza a su pequeña cubierta por otra falda rosa de alguna mujer próxima. Otra mujer que ha decidido quedarse en bragas. La nueva madre emocionada llora mientras tiene a su pequeña en brazos. Todos comparten ese momento con mágica intensidad. Comparten un momento único para cada uno de nosotros. Comparten la llegada de un nuevo ser humano. Una llegada que la naturaleza, pase lo que pase después, provoca y sugiere a los progenitores independientemente de su relación estable o no. Luisa asciende a su hija sobre su pecho y le pregunta.

- ¿Qué nombre te pongo? ¿Qué nombre te pongo pequeña? ¿Qué nombre quieres?

Las luces se encienden de nuevo. El metro comienza a moverse lentamente hacia la estación de Nervión. Todos los presentes retiran los celulares. Un jaleo de alegría multitudinaria inunda el volumen. Luisa mira a la pequeña de nuevo y dicta irreversiblemente:

- Te llamaré Luz. Si. Solamente Luz. ¡Luz!

La coyuntura presenta a la pequeña Luz cogida por su madre. Anna cerca de Luisa esperando la placenta. Elena devolviendo los móviles a los propietarios que solo dejaron el terminal y no participaron en la iluminación del acontecimiento. La mayoría de las personas dejan espacio alrededor de Luisa con su pequeña Luz en los brazos. Un montón de móviles, que han recuperado la cobertura, empiezan a sonar con mensajes y llamadas realizadas que no dejaron ningún mensaje. Durante unos segundos el vagón se convierte en una feria. Más aún si observamos a Elena y “Ricitos de oro” que han donado sus faldas y están en bragas. Menos mal que son blancas y no dejan ver mucho. Menos mal.
En la estación de Nervión para el metro “maternidad”. Hay varias ambulancias. Luisa sigue en el suelo con su pequeña; ya ha expulsado la placenta. Anna habla con la médico de urgencias. Tras unos minutos salen del vehículo “maternidad” Luisa con su Luz en la camilla. Anna con su fina cara a la vera sujetando en una mano la placenta rodeada por la falda blanca y plegada. Elena y “Ricitos de oro” con mantas haciendo las funciones de faldas. La médica de la ambulancia admite que las cuatro, bueno cinco contando a Luz, mujeres suban a la ambulancia. La parturienta esta bien y después del lugar del parto puede permitir que suban las mujeres en la parte de atrás de la ambulancia. Anna le ofrece la placenta a la médico para que valore si está completa o puede quedar algo, todavía, en el útero.

La ambulancia sale desde la estación de Nervión. Sale con Luisa, Luz –su hija-, Anna-la matrona-, Elena-la auxiliar de parto, iluminación y donante de falda- , Ricitos de Oro –solo donante de falda- y el personal de la ambulancia.

El hospital Virgen del Rocío Está cerca. Y allí llegan.En el camino Elena cuenta como salvó a un niño de la asfixia hace muchos años. Explica que le encanta ayudar a la gente. Anna la secunda y apoya con empatía porque por eso ejerce su profesión. Ricitos de Oro sonríe simplemente y Luisa; Luisa les dice a todas.

-Gracias. Muchas gracias de mi parte y de la pequeña Luz.

La pequeña Luz sonríe por primera vez en su vida. Todo ha ido bien. Menos mal. Ríen y respiran juntas en la ambulancia que llega.

Constantino Carenado, o Alberto Real.

sábado 23 de mayo de 2009

El niño que llora

En las historias del tranvía de Sevilla siempre se presenta el mismo entorno. Tarde o temprano se presenta el gusano pacifico por dentro e, inevitablemente, por fuera.

Hoy, ahora, alguien muy especial he entrado en la parada de correos. Bueno, vale, en la del Archivo de Indias.

En dirección al Prado entra MJ. con su carro. Si, si, MJ. , una de las antiguas musas de Constantino Carenado. Es ella con su complexión delicada, casi frágil, su cara de ángel y una espalda plana hasta los talones. Y el carro es de niño; de un niño pequeño; un niño de menos de un año. En cuanto entra en el espacio “gusanal” de ruedas metálicas y de acero, empieza a llorar.
Su llanto es sistemático, sistémico, incluso obstinado. Y después de dos minutos es pesado. En un llanto tremendo y constante.

MJ. intenta tranquilizar al pequeño pero no lo consigue mientras el metrocentro se mueve ella permanece de pie con el caro y su niño a la vera. Permanece cerca de una de las barras metálicas y verticales; tipo menir bruñido.

Ante el continuo e insaciable llanto muchas mujeres mayores y menores, y algunos jóvenes y viejos, se acercan a MJ. y al carro con el niño que llora.

¡Pero llorar!

Las mujeres del grupo que ha surgido intentan consolar al pequeño. Dos mujeres mayores, tres mujeres jóvenes, un anciano, y un joven. No caben más a la vera del carro ni en el sito. Entonces, solo entonces, una señora le dice a MJ.

¿Puedo coger al niño?
Y cuando coge el niño, el niño es de goma y los llantos son grabados. La señora más afectada, en primera instancia, mira a MJ. con rabia clara.
-¿Es esto una broma? ¡Hija!
- Es un experimento. Señora.Un experimento.
- ¡Un experimento! - levantando la mano para endiñar a MJ.-
Y, gracias a Dios, llega la parada de Puerta Jerez porque MJ. sale corriendo y deja el carro dentro con las personas que estaban preocupadas por el llanto desconsolado del “teórico” niño.

Un caballero, ante el evento, se acerca al carro y dice muy serio.
-Señora. Se trataba de un experimento social no de una broma. He estado grabando, desde el principio, todas sus actitudes y comportamientos.
- ¿Y ese experimento para que era?
- Para comprobar que aún hay algún tipo de solidaridad.
La señora mira al caballero después de lo dicho. Lo mira de nuevo redundando su incomoda queja y le dice, mientras el grupo de solidarios se va dispersando en el interior del tranvía:
- Quizás merezca la pena el experimento.
- Señora. Puedo decirle que lo merece. La solidaridad no ha muerto, solo está aletargada.
Un aplauso inunda reverberando el monovolumen de veinte metros de largo; inunda el tranvía de Sevilla. Veinte metros de largo por dos treinta de ancho; por dos cincuenta de alto inundados de emociones y aplausos. Parece que hay futuro todavía.

El Señor baja con el carro en el andén del Prado. M. J. viene andando y él va a su encuentro. Dentro de un rato estarán preparando el informe sociológico que les ha encargado una institución benéfica.
Cuando MJ. Y el hombre del carro se reencuentran ella comenta:
- Lo he pasado muy mal. Casi me cargo el papel.
- Todo ha ido bien y los registros son impresionantes –sonriendo satisfecho-.

Constantino Carenado.

viernes 15 de mayo de 2009

"L" se moja en el tranvia

“L” es un hombre alto, ancho, con configuración fuerte y carácter puramente franco. Es tan sincero que no soporta la mentira; y es tan fiel a sus amigos y mujer que cuando huele tentaciones huye. Escapa, se marcha diciendo un rápido adiós.
“L” es un gran tipo, además del Manager de Constantino. O sea el Manager del que escribe esto. En base a este principio soy, ahora mismo, Constantino Pelota Encadenado. Pero no se lo digan a “L”. ¡Que no se entere!
“L” nunca había cogido el tranvía. Su curiosidad ha sido tan alta ,después de conocer el blog http://www.sevillametro.com/ ,que ha dejado su moto de puño solitario en casa.Como viene de lejos ha cogido primero el metro. El cielo, cuando entro en la estación, estaba libre y con nubes dispersas. Pero cuando, minutos después, sale en la parada del Prado…¡Esta lloviendo! .Entonces se pregunta a si mismo:
-¿Qué hago? ¿Lo cojo hasta puerta jerez?
- ¡Va! No llueve mucho.
Así, de esta manera, aparece “L” cerca del parque del Prado de San Sebastián. En cuanto pisa la acera con sus zapatos lisos comienza a llover como si toda el agua del año cayese en un minuto.Una Nube Negra y gigantesca esta sobre él, y solo sobre él, vaciándose. Sorprendido y sin protección acelera sus pies antes que su cuerpo. Pierde el equilibrio y desde su considerable altura cae de culo sobre el asfalto. Menos mal que ha salvado el borde de la acera. Ese borde que le habría dejado el culo marcado, pero menos mal que no lo ha hecho.
“L” se levanta como puede sobre un charco ya creado. La cantidad de agua absorbida por su ropa es de unos cinco litros. Litro más, litro menos.
-¡Cago en la leche! ¡Como me estoy poniendo!
Se acerca como puede al andén del tranvía, teniendo mucho cuidado al cruzar la avenida. Cuando está llegando a la parada del tranvía este está saliendo . Lo pierde irremediablemente y expele con su voz grave:
-¡Hoy no es mi día!
Su rostro se vuelve plano y serio. No puede ocultar su mosqueo. Una papelera próxima sufre un pequeño golpe de frustración. Cae desprendida al suelo y “L”, dos segundos después, la ubica en su lugar de origen.
-¡Uff! ¡Me he pasado!
Cuatro minutos tarda en llegar el siguiente tranvía. ¡Cuatros minutos ! Cuatro minutos mojados y eternos pero que, gracias a Dios y al tiempo, pasan. El tranvía llega, abre sus puertas y descarga al gentío. Tras la descarga todos los usuarios ,que estaban esperando, entran frenéticos a causa del agua. “L” deja detrás de sí un gran charco. Dada su altura tiene que agacharse un poco en la entrada. Aunque parece permitirle el acceso, no se fía. No puede olvidar un día en la feria de Abril ,un día en que dejó su frente en un dintel de chapa. Todavía recuerda el golpe en su amplio frontal. Así pues agacha un poco la cabeza al pasar por cualquier puerta ,y la del tranvia no va a ser menos.
Mira y remira el interior del vehículo. Lo mira hasta la saciedad. Lo vuelve a mirar. No hay ni un sitio vacío. Es imposible. No acaba de entenderlo porque; porque ha entrado de los primeros. Decide quedarse de pie en una de las articulaciones del gusano pacífico. Cuando el tranvía empieza a moverse ve que se ha colocado en el sitio de mayor y mejor visibilidad.
-¡Joder! Desde aquí no veo nada.
Se desplaza un poco chocando contra una abuela de pelo recogido.
- ¡Perdone señora!
Se pone un poco nervioso por el incidente mientras el móvil comienza a sonar muy activo:
-Ley H.P. La ley H.P. es muy sencilla. Cuando eres generoso con los demás…
“L” descuelga el teléfono nuevo y cuando va a llevárselo al oído se le resbala entre sus dedos ,cercanos al tamaño de gruesas zanahorias. El celular ,deslizándose y deslizado ,evoluciona por el aire hasta darle a un señor bajito, a que negarlo, en el cogote. “L” expele sin piedad:
- Me parece que me he puesto nervioso.
El señor se gira y grita:
- ¡Pero bueno! ¿Qué es esto?
Y recoge el teléfono del suelo. Su gran pantalla táctil expresa el planeta tierra y, debajo, el símbolo de un teléfono descolgado y, en la parte inferior derecha dicta: Abuelo.Una voz diminuta suena en la distancia:
- ¿L? ¿L? Estas hay L…Te llamo otra vez en un minuto. Adiós pequeñín.
El señor “agredido involuntariamente” recoge el móvil y dice a “L”:
- ¡Tendría que tener más cuidado!
- Ha sido un accidente – con inevitable cara de ajo porro-
El señor bajito mira a todos los lados posibles e imposibles. Contempla a la gente con cara de sorpresa diciendo sin decir: # Ha sido un accidente #.Malhumorado y con la mano apoyada en el sitio del impacto le pasa el móvil con comentario adherido:
- Tome. Torpe.
“L” no puede dejar de responder. Su rostro se invierte. Se pone como el día. Se convierte en un rostro gris.
-¿Cómo ha dicho?
Su voz grave retumba profunda e intensa en el tranvía. Solo se le escucha a él y el leve ruido del vehículo gusano en movimiento. El móvil suena de nuevo y nadie lo coge. El extraño tono de llamada dicta, mientras “L” respira con profundidad para bajar su tensión emocional:
-Ley H.P. La ley H.P. es muy sencilla. Cuando eres generoso con los demás no hay problemas, todo va bien. Pero cuando empiezas a exigir, o pedir algo a cambio, suelen empezar los problemas y las dificultades…Ley H.P…
“L” cuelga su celular y algo alterado mira a otro sitio en lugar de al pequeño ese. Expresa sincero:
- Pero ...Si ha sido un accidente.
Y la señora de pelo blanco le apoya incondicional.
- Por supuesto hijo. Por supuesto. Ese señor esta enfadado con el mundo. No le eches cuenta.
Una sabia sonrisa acaricia sin hacerlo a “L” , y “L” sonríe recíproco a la señora. Porque “L” es un buen tipo y entiende lo que otros no entienden. Está, a su manera, por encima de muchas estupideces. Suena de nuevo el móvil y, relajado, atiende a su amigo el Abuelo. Las cervezas van a ser de dos litros. Cervezas frescas y mojadas.

Constantino Carenado.